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2011-12-18
Dar por gracia lo que por gracia hemos recibido.

No podemos dar nada que no hayamos recibido. Dios nos bendice para que seamos de bendición a otros. Nos da para que demos, nos enseña para que enseñemos.  Como todo lo hemos recibido por gracia, de la misma forma debemos darlo a otros.  Hoy en día, muchos se hunden en un mar de confusiones. El mundo completo está inmerso en un mar de confusión: económica, religiosa, política...pero los que tenemos a Cristo, los que fuimos rescatados por Él del pozo de la desesperación y de la muerte,  somos llamados a ir y rescatar a quienes hoy se encuentran como estuvimos nosotros antes de venir a Cristo, hundidos en los mares de la angustia y la depresión. Vayamos, y demos por gracia, lo que por gracia hemos recibido.

Mateo 10:8 “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.”

El Evangelio del Reino

Hoy día está de moda hablar del Evangelio del Reino. Pero si se habla de reino es porque hay un rey y hay súbditos. Jesucristo es el rey y nosotros somos sus súbditos. Él manda, nosotros obedecemos.

Mateo 10:7-8 “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.”

Lo expresado en el versículo 8 es una orden: sanad, limpiad, resucitad, echad fuera demonios.

No importa el nombre de la enfermedad o del problema, Jesús tiene el nombre sobre todo nombre.

Mateo 10:9-10 “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; 10 ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.”

El verdadero evangelio del reino no tiene como fundamento el dinero, eso es una añadidura que nos llegará si buscamos primero al Rey del reino.

Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca

Mateo 14:22 “En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. 24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. 25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo 27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! 28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”

Jesucristo quería que sus discípulos pasaran al otro lado, pero hubo una oposición en el camino, el viento les era contrario, y ellos no pudieron llegar. Ellos estaban a la mitad del camino a la cuarta vigilia, entre las 3:00 y las 6:00 de la mañana justo cuando la noche es más oscura. Como estaban a mitad del camino, tenían dos opciones, o devolverse o continuar. Devolverse era más fácil que seguir, pues el viento les era contrario para continuar.

Dios permite que el viento se ponga contrario para ver si le creemos, para ver si somos capaces de persistir, pero debemos recordar la palabra que dice: Hebreos 10:37 “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.”

Jesús probaba la obediencia y persistencia de sus discípulos, pues Él le dio la orden de que pasaran al otro lado. Cuando Jesús se les aparece, todos gritan: ¡un fantasma!, pero sólo Pedro le respondió, y le pidió a Jesús caminar con él sobre las aguas.  Pedro decidió moverse en otra dimensión, uniendo su fe a la de Jesús.

Pedro estaba en el lugar más seguro que había en medio de esa situación de tormenta, la barca, y decidió abandonarlo para seguir a Jesús. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de abandonar nuestra zona de comodidad para seguir a Jesús?

Mateo 14:29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.”

Pedro actuó en fe, en la fe del Hijo de Dios. Habacuc 2:4 “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por Su fe vivirá.”

Mateo 14:30 “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! 31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

Pedro aún no tenía un alma recta, alineada a la voluntad de Dios, quizás por eso comenzó a hundirse, su pequeña fe le falló cuando puso sus ojos en la tormenta y en el viento, pero como había puesto esa pequeña fe en el Hijo de Dios, aunque comenzó a hundirse, no se hundió. Nuestra pequeña fe nos puede fallar, pero cuando uno la pone en el Señor, por pequeña que esta sea, por débil que sea, por fallas que tengamos, comenzamos a hundirnos, pero Él no nos va a deja hundir.

Con una mano agarró a Pedro

Jesús agarró a Pedro cuando comenzaba a hundirse en el mar del temor. Muchos de nosotros podemos hundirnos en un mar de confusiones. El mundo está en un mar de confusión económica, religiosa, política, pero nosotros, los que tenemos a Cristo, los que fuimos rescatados por El del pozo de la desesperación, de la muerte, somos los llamados a ir a rescatar a aquellos que están como estaba Pedro, a dar por gracia lo que por gracia hemos recibido.

Porque la gracia alcanzó a Pedro los demás se salvaron. Cuando nosotros somos bendecidos, la gracia con que nos bendicen alcanza a otros.

La mano de la gracia y el cojo de nacimiento.

Hechos 3:1 “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. 2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. 4 Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. 6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.” 

El cojo de la puerta de La Hermosa tenía 38 años de estar en ese lugar. El conocía el camino y el lugar donde lo sentaban, hasta podríamos decir que ese lugar tenía la forma de su cuerpo. A pesar de que este cojo tenía 38 años sentado afuera de ese templo, no lo conocía por dentro, pues él no podía entrar al mismo, la ley de Moisés se lo prohibía.

Este hombre cojo estaba atado a una rutina, a la costumbre de mendigar, a una muy baja autoestima por su condición y por lo que hacía, y Pedro reconoció en él todo eso. Él y Juan sabían que la Gracia que los había salvado estaba en ellos para salvar a otros y recordaron la instrucción de Jesús: SANAD ENFERMOS.

Pedro pensó: “un día la mano de Gracia del Señor me sacó del agitado mar, ahora puedo levantar a este hombre, hundido en el mar de la vergüenza y la mendicidad”. Pedro pensó que aquella vez, él se hundía en el mar del temor, pero que este cojo se hundía en el mar de la baja autoestima. Entonces Pedro hizo con el cojo lo mismo que hizo Jesús con él, y tomándolo de la mano derecha, la mano de la bendición, como hizo Jesús, el autor de la gracia, le mandó a que se levantara.

Ese hombre era cojo de nacimiento. Así hay mucha gente dañada desde el vientre de su madre, que Jesús puede liberar. La ley de Moisés prohibía la entrada de gente coja o ciega al templo; pero en una oportunidad la Biblia narra que con Jesús entraron al templo cojos y ciegos y que fueron sanados por El, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. 6 Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en el desierto, y torrentes en la soledad.” (Is. 35:6-7).

La mano de la gracia y la muerte de Dorcas

Hechos 9:36-42 “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía. 37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala. 38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros. 39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. 40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó. 41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva. 42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.” 

Pedro oró porque un día estuvo a punto de hundirse y de morir, pero él sabía que Jesús podía levantar a esa mujer como un día lo hizo con él.  No importa el nombre de la enfermedad o del problema, Jesús tiene el nombre sobre todo nombre.