Salmo 30: Un memorial a Dios

Salmos 30:1-12 Te glorificaré, oh Jehová, porque me has exaltado, y no permitiste que mis enemigos se alegraran de mí. 

Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. Oh Jehová, hiciste subir mi alma del Seol; me diste vida, para que no descendiese a la sepultura. Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad.  Porque un momento será su ira,  pero su favor dura toda la vida.  Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría. 

En mi prosperidad dije yo: No seré jamás conmovido, porque tú, Jehová, con tu favor me afirmaste como monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado.  A ti, oh Jehová, clamaré, y al Señor suplicaré. ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la sepultura?   ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad? 

 

 

 

Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí; Jehová, sé tú mi ayudador.  Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.  Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.  Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.  

El salmo 30 es uno de los salmos de la autoría de David. En este salmo, David estaba dando gracias a Dios por haber sido sanado de una enfermedad de muerte.  Este salmo es un memorial a Dios. David estaba haciendo memoria de algo que  había sucedido en su vida, y adorando a Dios con las palabras de este salmo.  David, conocido como el dulce cantor de Israel, estaba delante del pueblo de Israel, y cantaba celebrando la memoria de su sanidad.  

Un memorial es llamado de esa manera porque trae una memoria.  Es el equivalente en nuestros días de edificar un monumento.  David estaba invitando al pueblo a cantar y celebrar a Dios junto con él.  Al leer un salmo, debemos darnos cuenta de su autor, y qué momento de su vida estaba reflejando.  

Este salmo corresponde a un momento muy difícil en la vida de David. En él, David hace memoria de su peor pecado, que no fue cuando tomó a Betsabé por mujer siendo entonces, la mujer de Urías Heteo  Su peor pecado fue decidir hacer un censo en Israel. Los censos en Israel estaban prohibidos porque no eran para saber cuántas personas, casas u ovejas había, sino para saber con cuántos varones de guerra se contaba para ir a una batalla.  En otras palabras, quería decir que David se estaba apoyando en su propia fuerza, o la fuerza de su ejército y se estaba olvidando que sus victorias eran sobrenaturales, pues provenían del favor de Dios sobre ellos. 

El mismo hombre que en el Salmo 20 había declarado: “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria”,  se estaba olvidando que su fuerza provenía del Dios de Israel, y estaba poniendo su confianza en la fuerza de su ejército.   Lo deja ver en el salmo cuando dice que en su momento de prosperidad pensó que jamás podría ser conmovido; que así como su trono estaba sobre un monte y había sido elevado, nadie lo podría quitar. 

Es entonces cuando le sucede que Dios aparta su rostro de él, según cuenta en el verso 7.  En el original la palabra que aparece por rostro es presencia; entonces dice: “Apartaste Tu presencia y fui confundido”,  porque Dios volteó su rostro de él.  Les digo que Dios nunca nos tiene que golpear, basta con quitarnos Su protección.  Porque Dios nunca golpea a un hijo, pero al voltear su rostro de nosotros, somos confundidos. 

¿Qué estaba sucediendo en la vida de David cuando escribió este salmo? 

Te contaré la historia de este salmo, para entender lo que significa. Dios estaba airado con David, porque él, a pesar de haber experimentado que su confianza no podía estar en los números, ni en los hombres, sino solo en Dios, decide hacer un censo en Israel; aún por encima de la oposición de sus generales que habían tratado de persuadirlo de que no lo hiciera.

David había conquistado a todos sus enemigos, y los había subyugado, porque nosotros tenemos autoridad para derrotar y subyugar a los enemigos en Cristo Jesús.  Urías, el marido de Betsabé, era heteo. Los heteos era una población enemiga, pero al ser conquistados y subyugados por David, tenían que pelear en el ejército de David y aunque vivían en su territorio, tenían que pagar alquiler en su propia tierra, pagando impuestos al rey David y rindiéndole tributo.  A David ya no le quedaban enemigos externos por conquistar, pero aún debía conquistar a un enemigo, uno ubicado en su interior.

Después de hacer el censo a David le pesó en su corazón, al ver las consecuencias.  Entonces se arrepiente y pide perdón a Dios. El Señor por medio de un profeta, le da a escoger a David entre tres cosas: siete años de hambre en su tierra, huir por tres meses delante de sus enemigos y que ellos lo persigan, o que por tres días haya peste en su tierra.  David dijo que prefería caer en manos de Jehová, porque sus misericordias son muchas; queriendo esto significar que escogió la tercera opción. 

2da. de Samuel 24:13-14 “Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado. 14 Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres. 

Jehová levantó el cerco de protección que tenía sobre Israel y envió la peste sobre ellos desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, setenta mil hombres.   La muerte de estos setenta mil varones representaba en pocas palabras, que setenta mil familias quedaban sin padre, y estos murieron por una mala decisión de David. Por David haber puesto su confianza en esos varones.  Esto nos dice que Dios va a destruir los lugares en donde nos apoyamos para que aprendamos que solo en Él debemos apoyarnos.

2da. de Samuel 24:15 Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres. 

Luego el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla. Este no era cualquier ángel, sino que era una manifestación de Cristo, pues cuando el Ángel de Jehová aparecía en el Antiguo Testamento, aceptaba que le llamaran Señor y recibía adoración, y ningún ángel acepta que se le adore. Esto es que Jesús siempre ha sido el mediador entre Dios y los hombres.

A medida que le llegaban los reportes a David de lo que sucedía,  se iba sintiendo más culpable.  Al ver que Ángel de Jehová venía aproximándose a Jerusalén, con la espada desenvainada y no precisamente para bendecir sino para destruir, clama a Dios pidiendo misericordia. Le piden entonces, que Su mano sea contra él y no contra el pueblo, pues él fue quien pecó.

Llegado este punto, David se da cuenta de que tiene la enfermedad, la misma peste que mató a los 70,000 hombres y que era contagiosa,  y a más de esto, siente la culpabilidad. El profeta que le había llevado el mensaje de Dios para que él eligiera lo que Jehová haría, le pregunta que si quiere que esa pestilencia se vaya. David confiesa su pecado de orgullo, de incredulidad y contesta afirmativamente a favor de que se vaya la peste. 

El profeta le dice a David que suba y levante un altar a Jehová en la era de Ornán jebuseo. David acepta, pero como ese terreno no era suyo, llama a Ornán para decirle que se lo compraría; pero éste decide regalárselo a David, con tal de que la pestilencia se vaya. No obstante, David afirma que no le ofrecerá ofrenda a Jehová que no le cueste, y lo compra.

2da. de Samuel 24:24-25 Y el rey dijo a Ornán: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25 Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel. 

Se hizo un culto de adoración y Dios sanó a los que estaban enfermos, incluyendo a David y Dios cambió su lamento en baile y le puso ropa de fiesta y alegría. David decide que de ahí en adelante ese sería el altar de Israel,  y habla al pueblo de hacer el memorial.  Pues Dios cambió el peor pecado de David y lo transformó en el altar de Israel.

Pero se levantaron quienes dijeron que eso no podía ser, porque como a seis kilómetros de ese lugar estaba el tabernáculo de Moisés, considerado el verdadero altar de Israel.  Mientras David decía que este nuevo altar, sería el altar de Israel porque allí Dios cambió el lamento en baile y encontró gracia, mientras que en el otro encontró la espada.

El Ángel de Jehová en la Era de Ornán Jebuseo

El ángel de Jehová no se detuvo por coincidencia en ese lugar, lo hizo porque lo conocía.  Ese lugar había sido el escenario de otra historia.  

Génesis: 22:2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 

22:10-11 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 

Mil años antes, el Ángel de Jehová se había manifestado en ese monte cuando Abraham le levantó un altar a Dios por obediencia y quien se apareció cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac, fue el Ángel de Jehová.  Aquí Dios se manifiesta como “Yaweh yireh”, que traducimos como “Jehová se proveerá”. 

22:13-14 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.  14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.

Por otro lado, tiempo después, en ese mismo lugar, Salomón construiría el templo de Jerusalén, donde Dios mostraba Su poder y Su gloria.

2c Crónicas 3:13:1 Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.

El monte Calvario es el final de la historia monte Moriah. En el monte Calvario, el Padre derramó su ira contra el Cordero del cual él se había  provisto. En ese monte Dios transformó nuestro peor pecado, pecado de muerte a vida.  La sangre de Cristo puede transformar a la peor persona, porque puede redimir de la muerte a la vida. De tu peor pecado y de mi peor pecado, con la sangre derramada en ese monte, el Señor levanta una generación para decirle al mudo que del peor pecado, Dios produjo la mayor gloria. 

La iglesia debe ser una casa, pues en una mera iglesia hay miembros, pero en una casa, hay hijos. Muchos llegaron a las iglesias destruidos, pero Dios ha cambiado su lamento en baile. Dios los ha levantado como un altar, no para hacer parte de un número. Dios les enseñó que la iglesia era un lugar donde el lamento se transformaba en danza.  El mundo lo que necesita ver es una casa que sane los corazones. El evangelio es que Jesús es el camino, pero si vamos a una casa a comer y nos quedamos en la puerta y no entramos, nos van a decir que si queremos comer tenemos que entrar. No te quedes en la puerta, hay que entrar a la casa del Señor.

Dios tiene un plan de sanidad de corazones en esta nación. La religión tradicional tiene una lista de cosas que no debes hacer porque es pecado. Dios está más interesado en que conozcas, qué te impulsa a cometer esos pecados, para que puedas lidiar con el problema desde su origen.  Cuando el espíritu santo empieza a revelar, y muestra lo que hay en tu interior, si tienes falta perdón, temor, amargura, debes de pedirle que te ayude a ser libre y a sanar tu corazón.