Estableciendo el reino de Dios en el corazón

Lucas 9:1-6  Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.  Y los envió a predicar el reino de Dios, y a sanar a los enfermos.  Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas. Y en cualquier casa donde entréis, quedad allí, y de allí salid.  Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo, pasaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio y sanando por todas partes.

Jesús llamó a sus 12 discípulos y les dio poder y autoridad para sanar toda enfermedad, para sacar fuera todo demonio y para anunciar el reino de Dios. Los doce discípulos salieron, pero no cumplieron cabalmente la orden del Señor que implicaba que pasaran tiempo en las casas, haciendo discípulos.  Ellos se limitaron a pasar por las aldeas y se concentraron en las sanidades, mas no en el establecimiento del Reino de Dios.  

Solo hay dos reinos: el de Dios y el de Satanás.  Cuando el Reino de Dios se manifiesta, el otro se va.  En los primeros años de la Iglesia, se reunían en las casas porque entendieron el mandato de Jesús. Porque el reino de Dios debe establecerse primero en el interior, en nosotros mismo, en nuestras casas, y luego ser manifiesto a otros. El gobierno de Dios debe establecerse primero en nuestros corazones. 

Fue en los tiempos de Constantino, que se comenzó a utilizar los templos para las reuniones, porque hasta ese momento se reunían en las casas. Desde ese momento, se frenó el crecimiento de la iglesia. 

El gobierno de Dios no es sólo contra toda enfermedad, sino también tiene que ver con mi vida. Si escondo dolor, hay ocultismo en el corazón. Si hay odio o amargura, estamos permitiendo la manifestación del reino de Satanás en nosotros. En el reino de Dios hay amor, gozo, paz, paciencia…no hay amargura, ni celos, ni contienda. Estos son una manifestación del carácter de Satanás.

El versículo 6 dice que salieron y pasaban por todas las aldeas, mas no registra que posaran en ninguna casa, sino que oraron por los enfermos. Hicieron lo que muchos hacen hoy, “cultos de milagros”, pero no hablaron del reino de Dios. Fallaron en no enseñar que Dios quiere gobernar en todo aspecto de nuestras vidas.

10:1 Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta,  a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. 

El capítulo diez nos muestra que luego que los doce volvieron, Jesús designó OTROS setena para enviarlos de dos en dos.   Entre ellos no estuvieron los doce, porque los doce no siguieron al pie de la letra el mandato de Jesús.  A lo largo de las Escrituras, vemos que Dios siempre tiene un remanente reservado para ejecutar su voluntad.    

Hoy en día está muy de moda el tema “Conquistar o poseer la tierra”. Pero, ¿qué significa realmente poseer la tierra? ¿Es acaso comprar un terreno?.... Las cosas materiales son solo las añadiduras. Jesús claramente exhortó a no acumular tesoros en la tierra,  se trata de establecer el gobierno de Dios. 

No solamente es en la adoración y la alabanza, sino en todo lugar: en el trabajo en la escuela, en la casa. En todo ámbito de nuestras vidas.  El reino se comienza a establecer en nosotros mismos.   Se establece cuando hecho fuera  de mi vida toda amargura. Y no solo esto, sino que le pregunto al Espíritu Santo, por qué estoy amargado. 

Puedes haber fallado en alcanzar una meta, y Satanás entonces comienza a ministrarte con sus mentiras, y al prestarle atención, te turbas y no puedes entrar en la presencia De Dios, y tu corazón se llena de amargura, al punto de que se puede afectar tu sistema inmunológico y hasta debilitarse tu cuerpo. ¿Pero como puedo tomar dominio de algo más, si primero no tomo dominio de mi propio corazón?

El capítulo nueve nos deja ver que entre los discípulos todavía había competencias, rivalidades, celos y contiendas.  Entre Pedro que era el mayor, y Juan el más pequeño. Se preguntaban quién sería el mayor entre ellos. Esto quiere decir, que el reino de Dios todavía no estaba establecido en ellos.  Jesús llamó a otros 70, y los mandó a entrar a toda casa. Les dio las mismas instrucciones. No debemos de cansarnos de abrir discipulados porque Jesús estableció el reunirse en las casas. Ahí es cuando pasamos no solo de amar al Señor sino de amarnos los unos a los  otros.

Les dio entonces autoridad a los 70 para sanar enfermos y entrar en las casas.  Y entrar, lo primero que debían hacer era declarar “Shalom”, paz.  

Lucas 10:5-6 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. 

Notemos que Jesús no les dijo que la paz de Dios o Su Paz, caería sobre la casa o sus habitantes. Sino que dijo: “Vuestra paz reposará sobre”.  Debemos comenzar por la paz que produce el gobierno de Dios sobre mi vida. Si hay paz en mi vida interior, es porque la amargura, los celos, las contiendas, han sido echados fuera de mi corazón.   Cuando hay paz en mi propio corazón, entonces esta paz puede manifestarse sobre otros.  Los doce aún no estaban listos, sin embargo ya los 70 sí lo pudieron hacer. Pues volvieron gozosos. 

Lucas 10:17-20  Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.  Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones,  y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.  Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. 

Se asombraron porque aún los demonios se le sujetaban. Cuando Pablo llegó a Filipos, fue muy impresionante lo que sucedió. El demonio de Pithon que ataba a una muchacha adivina del lugar, fu usado para ayudar a Pablo en la proclamación del reino de Dios.   Este es un claro ejemplo de cómo la manifestación del Reino de Dios en nosotros, hace que aún hasta los demonios se sujete. 

Hechos 16:16:17  Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.  Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. 

Jesús les dijo que el verdadero motivo para regocijarse no era el que los demonios se les sujetaran, sino que sus nombres estuvieran escritos en los cielos. “Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”. Y en el original, la idea no es que lo vio caer cuando fue destronado del cielo o expulsado del Edén. Sino en el momento en que los 70 iban por cada casa estableciendo el reino de Dios, llevando la paz, orando y sanando, cuando estaban actuando como hijos de Dios, entonces iban derribando al suelo a Satanás y su reino.  

Satanás pierde altura cuando entramos casa por casa; cuando sacas la amargura de tu corazón; cuando echo fuera toda incredulidad de mi vida; cuando establezco el gobierno de Dios en mi propia vida, en mi casa, en el trabajo; cuando empiezo a discernir entre el bien y el mal.

La verdadera razón para el gozo es que nuestros nombres estén escritos en los cielos. La Biblia interpreta a la Biblia. Hay una Ley de Interpretación de la Biblia y es la Ley del Primer Uso o  Ley de la Primera Mención. La primera vez que una palabra se usa en la biblia nos da la interpretación de un asunto. Siguiendo esta ley, la primera vez que se registra la escritura de un nombre en la Biblia, es cuando se nos dice que Jesús fue empadronado al nacer. 

Aún cuando José y María estaban en Nazaret, era necesario que fueran a Belén, no simplemente para que se cumpliera la profecía, sino que cada niño debía ser registrado en el Registro Civil de la Ciudad de Su Padre. Y Jesús era descendiente del linaje de David, por parte de José, y eran de Belén.  Igual nosotros, hemos sido registrados en el Registro Civil del cielo, de acuerdo al linaje de nuestro verdadero Padre. 

Hay una autoridad y poder otorgados a los hijos de Dios. Satanás, Padre de Mentiras, convencernos de que no tenemos autoridad, pues tiene celos de nosotros. Pues al inicio fue creado como querubín protector, y puesto en autoridad, pero fue despojado de ella por sus muchas contrataciones.  Odia que seamos parte del Reino de Dios, y él no.  Que hayamos sido puestos en autoridad, mientras que él fue despojado de ella. 

El cielo se regocija cuando comprendemos quiénes somos.   

Lucas 10:21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. 

En el original, cuando dice que Jesús se regocijó en el Espíritu, quiere decir que Jesús se regocijó porque vio que el Espíritu se gozaba, que se estaba riendo con gozo. Entonces Jesús también se alegró, y está implícito que también el Padre. 

 

Tenemos autoridad como hijos de Dios. Comprender esta verdad cambia hasta nuestra manera de orar. La próxima vez que te toque orar por un enfermo, no digas: “Dios sánalo, por favor”. Dios es el sanador, no tienes que convencerlo de lo que ya Él está convencido. ¡Toma autoridad y ordena que la enfermedad salga, en el nombre de Jesús!  Podemos ordenar que se vaya toda la manifestación de Satanás en nuestras vidas y en nuestras familias. 

El que tiene dominio de su corazón es el que camina como hijo. Es el hijo que tiene identidad en Cristo. Los doce no pudieron en ese momento porque tenían problemas de identidad y de celos.  Esa autoridad viene del corazón.

Gloria a Dios por el crecimiento, por lo que se ha adquirido pero nunca olvides que el Reino de Dios se estable en el corazón de los hijos y de las hijas. El reino de los cielos es arrepentimiento. Arrepentimiento significa cambio de mentalidad, cuando cambio de manera de  pensar. No es arrodillarse y llorar.   

Jesús Envió a los 70 a las ciudades y aldeas, los designó.  

¿Estás listo para la orden del reino? Dios dijo “Salid”;  pero no se quedó ahí sino que también dijo: “Anunciad el reino de Dios, y sanad a los enfermos y limpiad a los leprosos”.  Hoy en día no tenemos leprosos, pero tenemos a otros como los enfermos de SIDA. 

Y por encima de todo esto les dijo: “Resucitad a los muertos”.   Cuando veas un accidente, si puedes, detente. Eres un hijo de Dios, tienes autoridad. No preguntas más nada sino: “¿Hay alguien que necesita oración aquí?”.   El reino de Dios es para todos.  No hace falta que des una explicación de en qué crees, o que prediques. Basta con preguntar si puedes orar por ellos.  El Señor quiere manifestar su poder.